Historia General del Pueblo Dominicano Tomo I

Historia general del pueblo dominicano 83 Anexión a España de 1861 como el único recurso de salvaguarda del colectivo frente a la amenaza haitiana. 53 Derivaba el antagonismo entre los dos países que compartían la isla de composiciones étnicas y raciales, principios cultura- les y tradiciones históricas. Pero no se trataba solo de eso, sino de un retorno a unos lazos indisolubles con España, que trazaban las rutas del único destino posible . Haití había fracasado, al igual que todas las repúblicas americanas que habían formado parte del imperio español. El modelo a seguir se encon- traba en la realización que habían logrado Cuba y Puerto Rico bajo la conti- nuación de la obra de España. Se sustentaba en el principio ultramontano de que la monarquía era la única fórmula para la convivencia, y en las antiguas posesiones esta solo podía ser regida por España. Todo lo demás no era sino producto de la demagogia revolucionaria y liberal que tanto daño había cau- sado a los pueblos desde la Revolución Francesa. En Galván el conservadurismo alcanzó su manifestación extrema. A diferencia de la generalidad de sus pares, favorables al diálogo doctrinal con el liberalismo, nada de esta última corriente le era aceptable. En los artí- culos de 1861 se limitaba a propugnar por un sistema político que contuviera los ímpetus del populacho. Más adelante, tras años de exilio en Puerto Rico, cuando dejó de haber posibilidad para la aplicación del programa primigenio y tuvo que avenirse al estatus nacional, pudo conectarse con los liberales, dado que muchos de estos ponían límites a la noción de la soberanía popular. Fue ministro del gobierno de Ulises Espaillat, aunque nunca abandonó una matriz anexionista. Así lo muestra su defensa intransigente del adalid conser- vador Pedro Santana en la década de 1880, cuando reclamaba estar situado dentro del campo liberal. 54 Como otros intelectuales del xix , abordó problemas históricos con ayu- da de la ficción. Adoptó el indigenismo, corriente literaria que hacía de la vida de los aborígenes el equivalente del mundo perdido que esbozaron los románticos europeos. A fines de la década de 1870, ya reinserto en el medio dominicano tras su experiencia de casi una década en Puerto Rico, publicó una obra maestra de la literatura dominicana, Enriquillo . 55 Formuló en ella la idea de un mundo ejemplar, en el que habían coexistido las virtudes innatas de conquistadores y aborígenes. La destrucción de la comunidad aborigen quedó representada, en un acto falseado, como una tragedia teñida de caba- llerosidad y compensada por un orden en que reinó el sentido del honor. Los «malos», personificados por quienes ejercían abusos, como el encomendero del cacique Enriquillo, fueron sancionados, por lo que en rigor no hubo una lucha entre indios y españoles, sino entre los principios del bien y el mal. Enriquillo quedaba enaltecido a la condición de héroe en la medida en que

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